En el taller la temperatura se estima por el color de la incandescencia, y por eso la luz del local importa tanto: al sol de mediodía un hierro naranja parece apagado y se tiende a sobrecalentarlo. Los talleres de forja suelen tener luz indirecta y una zona en penumbra junto a la fragua.
Como referencia aproximada para aceros al carbono: el rojo oscuro apenas visible ronda los 550–650 °C; el rojo cereza, entre 750 y 850 °C; el naranja, entre 900 y 1000 °C; el amarillo, entre 1050 y 1200 °C; el blanco, por encima de 1250 °C. El rango cómodo de forja se sitúa entre el naranja y el amarillo.
Por debajo del rojo cereza el metal deja de moverse y el martilleo empieza a introducir grietas internas. Por encima del blanco aparece el sobrecalentamiento: el grano crece, la pieza pierde tenacidad y, si se insiste, el acero chisporrotea y se quema, un daño que ya no se corrige forjando.